Incluido en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, esta fortaleza ha sido la piedra angular de la historia de Escocia durante siglos. Aquí se guardan también las joyas de la corona escocesa: corona, espada, cetro y la famosa Piedra del Destino, el trono donde los antiguos reyes eran coronados. Solo hay que tomar una precaución antes de la visita: ir dispuestos a caminar por cuestas empinadas cubiertas por adoquines resbaladizos.
Para explorar el resto de la ciudad lo más práctico es sacarse un billete de bus hop-on, hop-off bus, que por sólo 15 € nos permite usar todas las líneas de transporte público de la ciudad durante 24 horas.
Al final de la Royal Mile se levanta majestuosamente el Palacio de Holyroodhouse, residencia oficial de Su Majestad la Reina. Este eleganet edificio barroco todavía alberga ceremonias de estado y otros eventos. Para probar la contundente gastronomía escocesa hay que pasar por Grassmarket, no muy lejos de la colina del castillo.
Y si hay tiempo para salir de la ciudad, es obligado visitar el Parque Nacional de Trossachs, una especie de Highlands en versión reducida, con montañas escarpadas, frondosos bosques y lagos cubiertos de niebla. Allí, en el Loch Katrine, halló Sir Walter Scott la inspiración para escribir su famoso poema “La dama del lago”. Por cierto, la casa del escritor también puede visitarse en el casco viejo de Edimburgo.
Vía: Dónde Viajar.